Martinica- Santa Lucía- Mustique- Petit Saint Vincent- Union Island- Saint Vincent- Santa Lucía- Martinica Tripulación: François de Virieu y Emmanuel Lanos, ambos con poca experiencia marítima, aunque Manu bastante más experimentado en vela ligera, buenas nociones generales de navegación. Capitán y armador: Gonzalo Cruz Martinica-Fort de France Llegamos en avión desde París el día 29/01 al final de la tarde. La primera sorpresa fue encontrarnos con las baterías totalmente descargadas. Nada de nada. El cargador tampoco reaccionaba parecía estar en corto. Fuimos a cenar en la ciudad, ya que la luz cayó muy rápido, e igual no podíamos prever a qué hora zarpar al otro día, sin reparar previamente el desperfecto eléctrico. El bar Le Zest en la calle siguiente a la de la iglesia, estaba cerrado, quizás por ser domingo. Buscamos dónde cenar y fue otro relativo fracaso debido a que no había ningún lugar típico y razonablemente bueno para un primer festín Creole. Nos tuvimos que contentar con el Black Pearl y sus hamburguesas. La mía la elegí de salmón y fue bastante malita, muy seca, sin mucho gusto. Pero nos divertimos mucho en la cena y eso era prácticamente lo único que importaba. Regreso en taxi al puerto (25 € cada trayecto). Hubiera sido más económico alquilar un coche como había previsto, pero comuniqué muy tardíamente con Ludovic, el marinero del puerto. La mañana la comenzamos temprano izando el Génoa e intentando analizar el problema del cargador y las baterías, que no habían tomado nada de carga. Por medio de la guía Ti Ponton pude consultar por teléfono a un par de tiendas marinas y decidirme a comprar 3 baterías nuevas (2 de 82 Ah y 1 de 105 Ah), que nos trajeron al puerto sobre las 13:15 h. Siguiendo un reiterado consejo, coloqué en serie las dos de la misma intensidad y dejé la más potente, sola, para el encendido del motor. Después de cambiar las baterías nuevas, todo parecía en orden y ahí pudimos comprobar que el cargador anunciaba aún un defecto en el DC output. Tendré que chequear más tarde con un electricista, pero temo que el cargador se haya estropeado. La última vez que me había conectado a muelle creo que fue en Le Marin, después del mes de reparaciones. En Étang Z’Abricots estoy seguro que no fue posible porque el enchufe necesario era el grande.
30/01- 16 h (horas locales) Salida del puerto de Étang Z’Abricots, nueva marina cercana a Fort-de-France. No tuvimos que cargar gasóleo porque todavía me quedaban los bidones del cruce del Atlántico. Estaba previsto zarpar de tarde para poder izar velas con luz diurna y navegar al menos una hora con buena visibilidad. Luego cruzaríamos el canal de Santa Lucía durante la noche para llegar a Barbados de día, el 31. Transcurridas 12 Nm, desde la partida, pasada ya la Punta del Diamante, el cable de transmisión de la rueda del timón se cortó en seco. Eran las 17:15 h y ya nos adentrábamos en el canal con una orientación del viento razonable, aunque un poco de SE, lo que nos hacía ir bastante más de ceñida de lo que me esperaba inicialmente. Primera decisión que tomar, si dábamos media vuelta para regresar a puerto guiados con el auto piloto o si seguíamos navegando hasta el destino. Por la confianza que siempre me ha infundido el piloto, decidí continuar nuestra derrota y sostener la navegación con guardias. Al anochecer encendí las luces de navegación y me di cuenta que no funcionaban. Chequée la VHF y tampoco se encendía, sin embargo el piloto y el GPS no mostraban incoherencias. Encendí la luz de bañera y no se iluminó. Esto me alertó sobre un posible disfuncionamiento generalizado. Testé con el multímetro si llegaban bien los 12 Volts y las lecturas daban irregularidades. Por esa razón, decidí abandonar nuestra derrota hacia las Barbados y dirigirnos al puerto de Le Marin para reparar todo. Era una decisión pesada por los veraneantes que me acompañaban pero debía privilegiar la seguridad. Conociendo la zona, sobre todo la facilidad para fondear a salvo en la playa de Santa Ana, nos dirigimos allí sin mediar más dudas. Fondeamos por 5 metros de profundidad, en fondo arenoso, sin adentrándonos demasiado a la zona playa, puesto que no teníamos previsto desembarcar. Fondeo de muy buena calidad, pese a no contar con enrollador de cadena (guindeau).- 31/01- 6:30 h dejamos el fondeo de Santa Ana y enfilamos hacia Le Marin. A las 8:00 h intenté contactar Gérard de Carenantilles y Manu Vázquez de Alizés Composites. El primero no respondió y el segundo sólo para decirme que no podía moverse (sobrentendiendo que no quería encargarse de nada). 08:30 h – Nos acercamos hasta el pontón de Carenantilles y amarramos directamente con la ayuda de la directora que estaba justo ayudando a otra embarcación a amarrarse. Ella nos indicó de ver a Frank, de Altec, para la reparación, incluso lo llamó delante nuestro Gérard estaba de asueto y no lo pude ver, Manu, con la misma predisposición reticente me dijo que no se podían ocupar, pero en cambio me aconsejó al electricista, Fred Koch. Fredo resultó ser súper simpático, serio, puntual y eficiente. Vino al final de la mañana, revisó los negativos y en pocos minutos detectó el problema eléctrico. François y Emmanuel alquilaron un coche por un día para poder aprovecharlo paseando. Por la tarde, Quentin, el hijo de Frank se ocupó el problema del cambio del cable por textil, dinema. A la tarde estaba todo terminado. Cenamos en el Kokoarum y pasamos la noche aún en el amarre de Carenantilles para poder descansar bien y al día siguiente realizar el nuevo programa: Santa Lucía- Mustique- Petit Saint Vincent- Union Island-Chatham Bay Saint Vincent-walilabou (Rockside Café) Santa Lucía-Anse Cochon Martinica
El balcon daba sobre una de las principales avenidas de Buenos Aires, el nino apuraba sus tareas escolares para poder ir a ver el mar, su mar. Por su corta estatura apenas si podia apoyarse en la baranda. Sus manos en las mejillas y los codos clavados en el borde. El rio mar, tras las vias del tren, lo esperaba cada dia. Sonar con irse navegando era una actividad tan necesaria como dormir o comer.
Un dia en la revista Billiken, semanario entre educativo y recreativo destinado a los ninos, aparecio un largo articulo sobre un lugar de leyenda, una de las ultimas fronteras de la naturaleza, las islas Galapagos. Fotos de iguanas gigantes, de tortugas masivas, lobos y elefantes marinos, ballenas y aves de mas de dos metros de envergadura ilustraban el articulo que explicaba la diversidad existente. Era el mismisimo paisaje donde Darwin habia concluido la teoria de la evolucion de las especies. El nino queria ser navegante, expedicionario y luego de esta lectura, arqueologo, antropologo, biologo, cientifico. Cualquier camino que lo llevara a explorar el mundo y sus maravillas le atraia naturalmente desde ese balcon eterno. El rio no era un rio sino un ancho mar donde se esparcian a diario los suenos de descubrimientos. ¿Cuantas fantasias de la infancia son precursoras, anunciadoras de los destinos de adultos?
Si sus padres le hubieran hostigado, como le sucedia a muchos de sus companeros, con adelantar tareas, con hacer esto o aquello, sin dejarlo disfrutar de esos instantes de ocio, imposible hubiera sido sonar con el mundo a explorar. Estos momentos secretos de observacion onirica serian completados con todas las lecturas posibles sobre las expediciones antiguas y no tanto. Los viajes de la balsa Kon-Tiki y de la Ra, conmovian el espiritu aventurero y casi fantasioso del joven.
En la escuela primaria estudio la geografia del Imperio Britanico, normal en una british school. Aprendio sobre el Lejano Oriente, Australia y las islas del Pacifico, pero nada de la mas cercana America ni de los expedicionarios ibericos. Algo quizas de los navegantes portugueses y las colonias mercantes que formaron parte del sistema de comercio ingles, pero su deseo intimo era saber mas de las islas de las iguanas gigantes, la ultima tierra de dinosaurios vivientes. Los expedicionarios y piratas ingleses no habian incursionado por esa zona del Pacifico y por ello no tenian mayor interes en dar esa parte de ensenanzas. Con sus aires universales, la educacion britanica parece muy abierta pero finalmente solo lo es para describir el mundo de su expoliada Comunidad Britanica. Las grandes civilizaciones de America precolombina, las culturas originales de Africa y Asia no formaban parte de la educacion. Para mayor gloria de los origenes vikingos, en esos bancos anglofilos antes que hablar de Colon, se dedicaba todo un capitulo de historia a los viajes de Erik, el Rojo y el descubrimiento de Terranova. Ni una palabra sobre los pueblos originarios que habria encontrado.
Por suerte, para su mejor educacion y sus anhelos crecientes, los padres le propusieron hacer la secundaria en el Colegio Nacional, de orientacion mas enciclopedica y con una de las mejores bibliotecas de la ciudad y del pais. La primera vez que la visito fue durante la visita de protocolo que se ofrecia a los candidatos al examen de ingreso al distinguido establecimiento. Nomas entrar al templo de lectura, le parecio que estaba sonando. Le contaron que en ella se encontraban libros de gran valor, piezas originales y manuscritos de casi todos los grandes escritores argentinos y de lengua hispana. Los oidos se le irguieron cuando la profesora que los acompanaba explico que tambien podian estudiarse mapas antiguos, cartas marinas y diarios ilustrados de algunos navegantes que llegaron a America. En ese mismisimo instante decidio que aqui continuaria sus estudios, que poder estudiar en esta iglesia del saber justificaba por mucho, el sacrificio de preparar aquel exigente examen y sacudirse la excesiva influencia anglofila.
Durante el primer ano de escuela, las jerarquias le jugaron un mal paso. Los alumnos del primer ano no tenian acceso a los libros antiguos ni a las piezas raras. Lo maximo que pudo un dia acercarse a su sueno escondido fue cuando estando la sala llena, lo autorizaron a sentarse en el fondo, casi al lado de un gran Globo Terraqueo, con dibujos de la tierra tomados de los mapas antiguos. Esa clase de globos debian tener los grandes navegantes, se dijo, dejandose llevar por sus ganas de tocarlo y de recorrer las orillas dibujadas a mano alzada, la increible precision de los descubridores de Nuevos Mundos. Miro por encima de los hombros del companero que estaba enfrente y no vio a ningun bibliotecario cercano. Todos los demas estudiantes estaban absorbidos por sus lecturas y resumenes y le parecia que nadie prestaria atencion a el. Se puso sigilosamente de pie, su modesta estatura le beneficiaba en estos casos para pasar desapercibido. Dio varios pasos hacia atras sin dejar de mirar al frente, pero casi cuando lo iba a tocar, se dio vuelta hacia su ansiado globo y se encontro a pocos centimetros del Senor Ramirez, uno de los mas temidos celadores, especie de vigilantes de la disciplina ferrea, casi militar, impuesta por la dictadura gobernante. El grito que le pego la inculta bestia dejo primero en evidencia su falta de cultura, su adoctrinamiento sin consideracion por el lugar sagrado en el que lo habian puesto en funciones. En un recinto de esta indole no se habla fuerte ni para amonestar a alguien. En segundo lugar, mostro la falta de respeto que esa clase de individuos tiene por el saber, el estudio y en general las mentes libres. ¿Que podria argumentarle ese nino indefenso acerca de su sueno por tocar simplemente, tan solo unos instantes, una replica de un globo terraqueo que le permitia viajar en un tunel imaginario a traves de los siglos? ¿Que podria comprender este ser insensible de los suenos infantiles, de la magia de la geografia, de los misterios de la historia, de los enigmas del pasado?
Recibio el maximo castigo que podia infligirsele por tan insignificante infraccion como ponerse de pie y pretender desplazarse sin autorizacion. Haber confesado que solo queria acercarse al magnifico Globo surtio un efecto agravante. Le dictaminaron prohibicion de asistir a la biblioteca durante los proximos dos trimestres. Asi de desmedidos e incomprensibles eran las autoridades de facto de ese triste periodo en la historia de aquella benemérita institución.
Al ano siguiente estudiarian historia y geografia de America y seguro que podria pedir una autorizacion especial para consultar alguna obra especial, al menos estudiar de cerca el globo, y hasta solicitar la vista de algun mapa antiguo o carta marina. Crecer tejiendo ilusiones es propio de las edades tempranas, normal en un espiritu inquieto y aventurero. La adolescencia fue formando el temple del joven y obviamente empezaron las fiestas y los primeros noviazgos. Antes de cumplir quince anos comenzo a frecuentar una nina rubia y delicada que sonaba con ser biologa marina. Aun no habian comenzado a estudiar esas materias cientificas y ya estaba ella decidida a seguir los pasos de su admirado Comandante Cousteau. Era muy bonita y agradable, suave y hasta de apariencia fragil, pero con gran caracter y bien afirmada en sus convicciones. Pasaban horas charlando y viendose juntos en un paraiso tropical estudiando la fauna marina y explorando el mundo, como Cousteau y su equipo expedicionario. Coleccionaron durante meses los fasciculos semanales de «El extraordinario mundo del Comandante Cousteau». No se perdieron ninguna de las peliculas del celebre marino. Sobre todo la que trataba sobre las islas miticas, las Galapagos, el archipielago de todos los misterios, de todas las promesas, las aventuras por avenir. Algun dia irian alli y quizas pudieran encontrar forma de trabajar y explorar hasta sus mas remotos rincones. Cada parcela, cada roca y arrecife encierra la historia misma de nuestro planeta. Pasaron varios anos antes que el mapa de su vida volviera a apuntar a ese destino de fantasias y aspiraciones donde el tiempo se suspende entre el presente, el pasado y el futuro. Al llegar a Guayaquil, decidido a embarcarse en cualquier barco que saliera para las lejanas islas del Pacifico, su companera de viaje, Trine, recibio una muy mala noticia de un compatriota con el que habia iniciado su viaje, vecino del pueblo danes de donde era originaria. Habia caido enfermo en Quito, de paludismo y necesitaba la asistencia de su amiga para traducir y ayudarlo a conseguir su repatriacion a Europa. Justo antes de conocer dicha noticia habian escuchado sobre una alternativa de cruzar a las islas bajo jurisdiccion ecuatoriana, con barcos de pesca que, saliendo de Salinas, llegaban a acostar a las Galapagos para repostar provisiones y combustible. Se dieron esa ultima chance para cumplir con lo que sentia como un designio inevitable. La unica otra forma de acceder era por avion y era extremadamente caro, imposible pagarlo ya que ademas las autoridades locales exigian boleto de ida y vuelta y tener una cantidad importante de dinero para asegurar su estadia. El objetivo administrativo era evidentemente el de filtrar los
visitantes y era muy eficaz con la pobre parejita de jovenes mochileros. Tanto habia esperado este momento, encontrarse tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Sin un barco que los aceptara a bordo, imposible llegar a su meta. Si no se daba esa remota posibilidad, debia creer que no era mas que un sueno infantil y debia forzarse a dejar de pensar en el o a pensar en regresar cuando fuera mas adulto y pudiera justificar de recursos genuinos. Las expediciones cientificas ya no estaban a su alcance porque al terminar su bachillerato se habia definido por estudios literarios. Le interesaba mas el origen y la evolucion del Hombre y sus civilizaciones, pero no podia extraerse a la atraccion de lo inconcebible, las muestras naturales de la vida prehistorica. En la ruta a Salinas conocieron a una familia maravillosa, gran encuentro que cambio por completo el eje de esa visita. Fueron acogidos como miembros de la casa, por una ya numerosa y generosisima troupe familiar. La experiencia de esta acogida calurosa y fraternal fue tan fuerte en materia de valores humanos y de solidaridad, que dejaba aun mas en obviedad que lo unico que quedaba por hacer era auxiliar de la forma mas basica y logica al pobre Ralph, que se desvanecia en una minima y aspera cama de un hospital quiteno, sufriendo en soledad. Decidieron abandonar la busqueda de un barco que los llevara a las islas para regresar al Ecuador montanoso, al centro de la tierra, los magnificos Andes, tan lejos y tan cerca del fabuloso mar y sus criaturas de otros tiempos. Muchos kilometros y meses despues se encontraba en Europa decidiendo un nuevo cambio de rutas. Volver a America o quedarse un tiempo mas en el Viejo Continente. Recibio una propuesta profesional que le permitia elegir quedarse, centrandose en Madrid. Dicha ciudad, en aquellos anos 80, no era mas que una pretensiosa capital con mas aires provincianos que de ciudad cosmopolita. El cosmopolitismo se lo apropiaba su eterna rival, Barcelona, elegante e internacional, mas cerca de Europa. Acepto a reganadientes, sin saber muy bien que fuerzas lo llevaban a adoptar tal decision. Una intuicion, como muchas que lo habian guiado en los momentos claves de incertidumbre. No queria vivir en el casco urbano que le parecia condensar todos los problemas de los que se habia acostumbrado a prescindir durante los tres anos de viajes alrededor del mundo. Tomo un periodico de anuncios y el mas llamativo le propuso una oferta en una localidad a pocos kilometros del centro madrileno. Su nombre no podia dejarlo indiferente, Galapagar se llamaba el pueblo serrano, camino a Collado Villalba. Consiguio como llegar hasta alli y todo le parecio puesto a medida para aprobar su decision. Pregunto en un cafe del pueblo si conocian de alguna casa en alquiler y rapidamente estaba inquiriendo en el cine del pueblo por el dueno de un chalet que se habia vaciado hacia pocas semanas. En esos anos todavia la gente confiaba en el projimo y lo que uno hablaba se respetaba. Apenas visito la casa, le parecio que era exactamente lo que estaba necesitando para el proyecto en mente. Dio su palabra, firmo de inmediato un contrato que constaba de una pagina que recogia lo basico, mensualidades, dia de pago y responsabilidades mutuas y arreglo mudarse el fin de semana siguiente. Corrian tiempos mas agiles, por no decir faciles, en materia social. La gente de buena fe confiaba en otra gente de buena fe y los negocios o tratos se cuajaban con animos positivos. Volvio a Madrid y no podia creer la suerte y paradoja de haber encontrado su nuevo destino en un pueblo con tal evocacion a sus ansiadas y lejanas Galapagos. Algo tendria este pueblo que hiciera que alli recayera. Una nueva etapa comenzaba al asentarse en este viejo pueblo hispanico. La localidad no era grande ni pequena, todavia no tenia caracter de suburbio pero comenzaban a haber cada vez mas personas que elegian radicarse alli, pese a que trabajaban en la capital. La casa estaba al borde de la poblacion y poseia una vista envidiable sobre la Sierra de Navacerrada. Pocos vecinos y relativamente discretos, excepto por un par de madres de la residencia de enfrente que llamaban sistematicamente a sus hijos por el balcon, gritando a cuatro vientos sus respectivos nombres, el mas reiterativo, Jesuuuuuu!! La parcela sobre la Calle Praderon estaba rodeada en dos de sus limites por terrenos aun vagos, pero eso no duro demasiado, ya que pocos dias despues de mudarse y de construir un invernadero en el fondo del terreno, el dueno de la propiedad colindante comenzo las obras de una casa que parecia importante por sus importantes fundaciones. Como era constructor, supo avanzar con sus obras en un tiempo record y cuando el joven salia un dia de su invernadero, envuelto en su traje protector, vio que de un balcon lindante lo observaba una nina con atencion
especial. Sintio una mezcla de verguenza por su aspecto extrano y sucio, y de orgullo por sentirse ya adulto y trabajador, aunque tuviera apenas veintipocos anos. Le dedico una sonrisa de circunstancia y la nina ingreso rapidamente a su habitacion. Despues de ducharse y cambiarse volvio a salir al jardin para ver si la nina lo seguia espiando. No la encontro y pasaron varios dias en los que el balcon y la casa misma parecian vacios. Cualquiera hubiera dicho que la mansion nueva estaba aun deshabitada. Sin embargo, mientras el joven trabajaba sus tinturas, sentia una presencia sobre sus espaldas, como si alguien lo observaba trabajar en silencio. Cada vez que salia del tinglado, dedicaba un vistazo hacia el balcon de donde el sospechaba que provendrian las miradas secretas. No encontraba mas que una persiana cerrada. Un buen dia que salia cargado con hojas recien terminadas dejo de mirar, ya resignado ante la ausencia y escucho una tos muy poco disimulada. No podia voltearse de inmediato sin correr el riesgo de que volviera a esconderse, por lo que hizo de cuenta que no habia escuchado nada y siguio caminando hasta el garage donde ordenaba su stock de hojas secas para las decoraciones vegetales de interior. Las deposito sin hacer demasiado ruido y se volvio raudamente sobre sus pasos para ver si encontraba la figurita que lo tenia intrigado desde tantos dias. Estaba sentada, tranquila, ya sin verguenza ni animos de huir, sino de ser vista. Morena, cara redonda y ojos negros sublimes, picaros, atractivos. No era tan nina como le habia parecido en la primera impresion sino una bella adolescente. Le regalo una sonrisa y para el fue suficiente como saludo y confirmacion de la presencia que sospechaba y lo acompanaba. Desde ese dia su trabajo en el invernadero fue mucho mas llevadero y se terminaba al llegar la hora del regreso de la escuela en el que estaba seguro de cruzar el saludo silencioso de su vecina intrigada e intrigante. Muchos anos pasaron cuando en un aeropuerto se iba a sentar en una mesa de un cafe y sintio que una mujer hacia el mismo gesto con la misma intencion. En frances le dijo que podia ocuparla, el iria a sentarse a otra. Ella, con una gran sonrisa le respondio naturalmente en castellano que no veia ningun inconveniente en compartirla. Acepto, impactado por su frescura y sus ojos color azabache. El le pregunto de donde era y grande fue su sorpresa cuando la mujer le conto que vivia en Madrid, en realidad cerca, en un pueblo de suburbios, en direccion a la sierra. Cuando menciono el nombre de Galapagar, el no pudo contener la sorpresa y le respondio que lo conocia muy bien por haber vivido alli muchos anos atras. Le iba a contar la anecdota de la nina en el balcon que nunca habia olvidado, cuando ella le pregunto a saco roto si el conocia las flores secas. Entendio que ella lo habia reconocido. El le tomo de la mano y le pregunto su nombre. Necesitaba saber una cosa mas. ¿Sabia ella donde se situaban las islas Galapagos? ¿Le interesaba hacer un viaje para visitarlas? Seria en velero, varios dias de navegacion desde el continente. Sin planes precisos, solo el de ir y cumplir con un designio de vida, despues verian. El destino, ese concepto de lo incierto, estaba abierto, indefinido, a la espera de esa conjuncion estelar. Si ella le respondia que si, no se dejarian mas, seguirian el camino juntos.