La Dominica es una pequeña isla en medio del arco de las pequeñas Antillas. Entre las francesas Guadalupe y Martinica, es independiente, pero perteneciente al Commonwealth, teniendo como Jefe de Estado a la reina inglesa y como moneda al East Caribbean Dollar.
Lo primero que llama la atención es que no se nota tanto su pasado inglés, sino en la pobreza en que el Imperio de su Graciosa Majestad dejó este tantas veces devastado territorio.
Sin llegar a los valores de desgracias y azotes que puede presentar Haití, la bellísima isla presenta una indefensión por falta de desarrollo que la ha hecho propensa a todo cataclismo.
La contrapartida de esto es que se ha podido conservar mucho más auténtica, salvaje e intocable que la mayoría de las otras islas vecinas. El contraste con sus dos vecinas francesas inmediatas es sideral. Mientras aquellas están sobrepobladas, con una gran infraestructura y formando parte de la Unión Europea con orgullo e interés, esta pobre y sufrida Dominica está inmersa en una independencia muy difícil de gestionar.
Su historia es típicamente caribeña y nos describe muy bien cómo se desarrolló la vida en esta parte del mundo en los siglos posteriores a los viajes de Colón.
Fue descubierta por Colón en su Segundo Viaje, en 1493. El nombre se debe simplemente a que la conoció en día domingo. Su topografía no interesó demasiado a los españoles ya que las costas son muy escarpadas y suponían que no habían minerales en ella.
En viajes sucesivos implantarán una pequeña población española pero sin inquietar a los aborígenes del lugar, los Arawak, grupo de los pacíficos Caribes.
A partir del siglo XVII los franceses e ingleses también desembarcan en grupos y pretenden tomar posesión de la isla. Los españoles desisten rápidamente por lo arduo de su explotación, prefiriéndole otros destinos más florecientes para entonces en las incontables colonias.
Mientras tanto el buen trato de los indios Caribes de Dominica es ofrecido a unos y a otros y al finalizar el siglo, franceses e ingleses deciden ambos retirar sus pretensiones soberanas dejándole, o mejor dicho devolviendo a los aborígenes la posesión de la isla. Sin embargo instalan colonos que explotan parte de la tierra y sobre todo la riqueza maderera. No es de extrañar hoy esta circunstancia histórica cuando es de observar la riqueza lujuriante de su vegetación. Es tan paradigmática de lo que imaginamos ser una isla tropical que aquí se filmó en plena naturaleza la película de Pirates of the Caribbean.
Los colonos franceses comienzan las plantaciones de café y para paliar a la mano de obra sin enemistarse con los pacíficos caribes, importan esclavos de África. Así comienza el cambio radical de esta isla.
Disgustados con el avance francés, los ingleses rompen el acuerdo y vuelven a reclamar el dominio completo. Después de la Guerra de Siete Años, el tratado de Paz incluye a la Dominica dentro de las posesiones inglesas. Los británicos para modificar la economía francófona de la isla, abandonan los cafetales y dedican las mejores tierras disponibles al azúcar.
En el siglo XIX después de una intentona francesa en épocas de Napoleón, la dominación inglesa se confirma y termina formando parte oficialmente de las Colonias Británicas.
Igualmente como quedará siempre enclavada entre las dos principales islas francesas de Guadalupe y Martinica, la comunicación de los habitantes y el comercio y su influencia cultural se mantendrá vigente. A tal punto es así que el Creole hablado por los dominiqueses, negros principalmente y colonos criollos, es una mezcla de inglés y francés.
La población aborigen disminuye, pero nunca desaparece, manteniendo su buena relación con los occidentales, lo que les permitirá ya en la época moderna, con la independencia, obtener el reconocimiento de un territorio de casi 1500 hectáreas en el noreste Atlántico. Hoy conforman una población de 3.500 habitantes, que puede parecer poco, pero en relación al poco más de 65.000 habitantes totales de la isla, representa más de un 5%, que ya no es tan escaso. Les llaman los Kalinagos y su territorio específico está gobernado por su propio jefe y se denomina Territorio Caribe. Explotan actividades turísticas, pesca y agricultura y muchos se dedican a mantener la cultura ancestral por medio de las artes y las artesanías.
Dominica obtiene su independencia en 1978 y se implanta un gobierno democrático que con todas las dificultades económicas logra llevar una gestión sin los grandes conflictos de otras ex colonias británicas, aún cuando las catástrofes naturales le limitan drásticamente las capacidades de desarrollo. No había aún cumplido un año como país independiente que el huracán llamado David devastó las magras infraestructuras legadas por la poco generosa posesión británica. El nuevo gobierno de la isla solicitó y obtuvo la adhesión a la francofonía, institución más moral y cultural
que política, pero que muestra el desapego respecto al antiguo pasado británico, que sólo se recuerda en la efigie de la reina en los billete de la moneda local. En cambio, me llamó la atención una placa conmemorativa en Roseau, en la antigua terminal de ferrys, que se agradece la colaboración del gobierno francés en la reconstrucción del país.
Otro legado llamativo de esta doble cultura subyacente es la notable presencia católica en una ex dominación inglesa.
Hasta hace unos años, la cultura del banano y del coco eran su principal riqueza. El huracán Erika, el año pasado, terminó con esas dos culturas agrícolas y al presente la universidad privada americana instalada en Portsmouth, la Ross University de medicina, es responsable por casi el 80% del PIB (a contrastar con cifras oficiales).
Los años 80 fueron muy movidos políticamente con algunas tentativas de golpe de estado, pero finalmente el régimen democrático prevaleció en este joven país y hoy es un gobierno laborista el que lleva los asuntos del estado. Es increíble relativizar a escala de nuestra economía lo que puede representar gestionar un país que apenas supera en población a una ciudad periférica como Castelldefels y que cuenta con pocos recursos de impuestos o ayudas internacionales como sería si perteneciera a la Unión Europea, como es el caso de otros territorios como Guadalupe o Martinica. A manera de nuevo ejemplo, vale citar que la sola ciudad de Fort-de-France, capital de la Martinica, tiene más de 100.000 habitantes.
La mayoría de la población y de los accesos se encuentra sobre la costa caribeña, o sea la del oeste, mientras que la ribera atlántica es mucho más escabrosa, accidentada y los acantilados caen literalmente a pique sobre el mar. No posee tampoco puertos de acceso.
La población de las dos principales ciudades, Roseau, la capital con 17.000 y Portsmouth, con 15.000, acumulan el 50% de los habitantes. El resto está desperdigado en pequeños pueblos, de dimensiones de caseríos más bien.
Todos estos datos explican la principal característica de esta bella isla, que supo conservar su patrimonio natural que construye hoy en día su principal tesoro, explotable, si se hace con inteligencia y criterio con un turismo eco-responsable y no desmedido. Sería una gran suerte para este paraíso que aunque relativamente pobre, no es bajo ningún aspecto miserable.
Posee un litoral sin explotar de acuerdo a su potencial, en materia de playas y de posibilidad de acoger un turismo náutico o relacionado con el mar. Sí hay buena presencia de la actividad de buceo, pero quizás no lo suficientemente profesionalizada debido a la falta de actividad fuera de la época de temporada, de noviembre a abril. La bahía de Rupert, donde se encuentra Portsmouth y el Parque Nacional Cabrits, uno de los dos con los que cuenta la isla, es una auténtica maravilla, con un potencial de desarrollo turístico impresionante.
En el interior, la actividad de trekking o hiking cuenta con un patrimonio de los más ricos del Caribe sino del mundo. Aloja las más altas montañas de las Antillas con el Morne Diablotin, de gracioso nombre culminando a 1447 metros. Su condición volcánica se considera activa y la manifestación de ello no hay que suponerla sino que se la puede sentir con los propios pies y manos como no pude evitar al realizar la ascensión hasta el Boiling Lake en el Parque Nacional de los Trois Pitons. Me lo presentaron como una experiencia dura y debo confesar que la subestimé. Doce kilómetros de incesante subida, de excelente mantenimiento, con el 85% del recorrido protegido con troncos, pequeñas canaletas y escalones, muchos escalones! Si doy crédito a una aplicación
Waitukubuli National Trail le plus long itinéraire de randonnée de la Caraïbe, récemment déclaré ‘site eco-touristique’. Longueur : environ 185 km
Portsmouth, capitale
Parc National des Cabrits et le Fort Shirley
la fameuse rivière Indian River où le célèbre film « Pirates des Caraïbes 2 » a été tourné. Là, vous pouvez prendre plaisir à une promenade en bateau avec un des guides rasta.
Hampstead Beach et sa très jolie cocoteraie tout le long de la plage aux eaux transparentes.
Sur la plage de Woodford Hill, la mer est tranquille pour les enfants et les pêcheurs attendent que vous leur donniez un coup de main pour ramener les filets et les poissons.
Batibou Beach, réputée l’une des plus sauvage de la Dominique.
Les plus hautes montagnes des Petites Antilles se trouvent en Dominique. Le Morne Diablotin est le plus haut d’entre eux. Il culmine à 1447 m.
La Dominique jouit d’un climat tropical avec des pluies abondantes qui alimentent les chutes d’eau. Il y a environ 30 chutes d’eau formant des piscines naturelles, des sources d’eaux chaudes, 365 rivières et 6 sortes de forêts tropicales dont la célèbre « Rain Forest » unique en son genre. Le Parc National Trois Pitons a été classé au Patrimoine Unesco.
Dominique est une île volcanique avec une activité certaine. On peut s’en rendre compte en allant voir le « Boiling Lake », lac en ébullition, ou en se rendant à la Vallée de la Désolation . Cette vallée est alimentée par des sources chaudes qui empêchent le développement de toute vie végétale, contrastant ainsi avec les forêts tropicales environnantes
Les habitants de l’île au nombre de 70 000, sont concentrés essentiellement sur la côte ouest. demeure encore 3000 indiens, préservant leurs traditions, sur la côte est. La Dominique est sans aucun doute l’île de la Caraïbe qui a su garder son authenticité tant dans ses paysages que dans son mode de fonctionnement.