Olas de Libertad #09- VAITAHU

Karen y Marjo se despidieron de Xin Ping en el muelle de cemento donde atracan los botes auxiliares. La aldea de Vaitahu, en Tahuata, da sobre el mar pero no tiene un embarcadero muy protegido. No parece ser un pueblo de pescadores, al lado del muelle hay una cámara de frío toda desmantelada y con pinta de llevar mucho tiempo sin funcionar. Quizás porque Tahuata está tan cerca de Hiva Oa, no desarrolló muchas tiendas ni servicios.

La población de toda la isla es de unos pocos centenares y en Vaitahu deben vivir 50-60 personas, se conocen todos, muchos son parientes.
La gente de la isla es muy discreta con los extranjeros, pero no se muestran indiferentes ni faltos de simpatía. Están acostumbrados a que los visitantes vengan con una excursion de Hiva Oa, solo a pasar el día. En cambio, cuando alguien se queda un par de días, lo notan y aprovechan la conversación para hacerles conocer las particularidades de Tahuata.

La comunidad religiosa es importante, gracias al hermoso e imponente templo construido con piedras y madera exótica local trabajada. Cumple perfectamente con los preceptos arquitectónicos de los tiempos de las catedrales: inspirar respeto, admiración y devoción entre los fieles.

Iglesia de Vaitahu

Xin Ping vio alejarse a sus amigas, se dió vuelta y se dirigió a la aldea. Con las mujeres había ido al almacén de la aldea pero se había quedado afuera porque no tenía dinero. Desde afuera había visto que la cajera tenía rasgos más asiáticos que polinesios. Ahora, había regresado para conocer a la joven e investigar sobre su origen. Se sentó cerca de la puerta del almacén, a esperar que ella saliera. 

La dueña del local, la bella Vairae, se dio cuenta de la presencia solitaria de Xin Ping. Con la tradicional acogida de una auténtica vahiné local, segura en su territorio, se acercó a preguntarle al joven en qué le podía ayudar o qué estaba esperando. Xin Ping le respondió en inglés que no sabía hablar francés y que era chino. Inmediatamente, Vairae llamó a la cajera, Sara Huong, la joven china que hablaba tanto inglés como chino. Pese a haber nacido en Tahití, sus padres le habían hablado siempre en el dialecto de su cantón de origen y esa era su lengua familiar. A Sara le dio mucho gusto poder hablar con Xin Ping, que entendía perfectamente por provenir de un cantón vecino al de la familia de la joven.

Vairae los dejó conversar en la puerta y entró al almacén. Le gustaba ayudar y sentir que la gente la respetaba tanto como le eran agradecida. Todos en la aldea y probablemente sin exagerar en toda la isla, le debían algún favor a la hermosa y madura Vairae. Ella era considerada por unanimidad como el personaje más importante de la isla, después del alcalde. Ella, a su vez, sólo le debía a una sola persona que la había ayudado siempre, su ex marido. Carlos, era un tipo muy especial. Una persona de una franqueza proporcional a su generosidad. Cuando se fue a vivir a Ua Po, él compró todo lo que Vairae necesitaba para iniciar su negocio con éxito y no tener que depender de nadie, ni siquiera de él. Las razones de su partida eran irreconciliables con Vairae. Él había conocido a su tercera vahiné con la que esperaba un bebé y como su nueva elegida era de Ua Po, se mudaría allí con ella, pero no sin antes asegurarle a Vairae una situación económica como la que ella se merecía. Vairae no podía quejarse, hacía diez años que con su belleza ancestral había cautivado a Carlos, quien había dejado a su primera mujer por ella.

Era mejor no enterarse cómo obtenía sus recursos financieros este personaje, reconocido y algo temido por los misterios que escondía. Carlos era un “popa”, como le llaman a los colonos blancos. De dudoso origen; decía que era francés, de familia bretona, pero con un nombre que sonaba español y a historias de corsarios y contrabandos.
Todos sabían que había pasado por la prisión (quizá más de una vez) porque de vez en cuando se confiaba sobre algunos asuntos grises que había protagonizado. Sin embargo todos los que lo conocían lo respetaban y tenían algo que agradecerle. Todo quien necesitara algo podía solicitar ayuda a Carlos, quién nunca diría que no. Imponía sus condiciones y tenía una moral muy alta para las deudas. Nadie le fallaba y todos se jactaban de ser su amigo. Si había tenido un pasado turbio, en estas islas, Carlos estaba a salvo, no le faltaría quién lo defendiera a muerte.

Xin Ping y su compatriota hablaban a una velocidad inusitada. Xin Ping estaba feliz, no podía creer la suerte que había tenido. Le contó toda su historia a Sara que lo escuchó con gran compasión pensando de qué forma podía ayudarlo y protegerlo.
Cuando Vairae regresó para pedirle que cerrara la tienda, Sara le preguntó a su nuevo amigo dónde estaba parando. Ante la falta de respuesta, se le ocurrió una gran idea. Recordó que próximamente, su patrona se ausentaría por dos semanas y que el único inconveniente que tenían era que llegaba una carga importante de mercaderías y Sara sola no iba a poder ocuparse de la recepción, el orden en el depósito y atender la tienda sola a diario. Sara le contó a Vairae que Xin Ping era un pariente lejano, de una provincia vecina a la de sus padres y que estaba viajando pero le habían robado todo su equipaje por lo que necesitaba un trabajo y un lugar donde dormir. Le propuso a su jefa que lo tomara a prueba durante su ausencia. Él seguramente aceptaría trabajar esos días con ella, a cambio de casa y comida.
Vairae aceptó la propuesta a condición de que Sara se responsabilizara por el joven desconocido. La realidad es que esta solución le venía al dedillo, le resolvía una preocupación causada por el retraso del barco justo en un momento en que ella debía viajar a Tahití.

Xin Ping sintió que claramente su vida estaba dando un vuelco respecto a todas los riesgos y penurias que había vivido días atrás. Estaba feliz de poder aprovechar esa oportunidad, quedarse en la aldea y sentirse protegido por su compatriota con la que esperaba aprender muy rápidamente todo sobre la vida allí. 

En los días sucesivos, Sara le contó sobre la historia de la inmigración de chinos en la Polinesia. Que aquí ya están acostumbrados a ellos, que hay muchos en el comercio y que son bien tratados, mejor que en muchos otros países del mundo. Que ella misma tiene un hermano casado con una tahitiana y que su novio es tahitiano también y las familias mixtas son muy comunes, mezclándose incluso con popas que se quedan a vivir en las islas definitivamente.
En la parte de atrás del depósito arreglaron un cuartito donde Xin Ping podía dormir en un catre y recuperar un espacio propio aunque fuera muy reducido.

Cuando llegó el barco, Sara estaba muy contenta con el esfuerzo que su joven amigo le ofreció sin contar horas ni energía. Para devolverle el favor, se le ocurrió preguntarle si no quería que le prestara la computadora para poder comunicarse con su novia, su amada Lea. Xin Ping se puso a llorar de alegría y le dijo que había pensado varías veces en pedírsela pero sentía que todavía debía ganarse su amistad.
Una vez superada la etapa de supervivencia, había renacido en Xin Ping la obsesión de volver a reunirse con su enamorada. Por lo pronto, saber de ella, de su familia, sobre cómo estarían sufriendo por no tener más noticias de su paradero y si seguía con vida. Las protestas en China habían sido reprimidas con un alto grado de hostigamiento y mucha gente había desaparecido.
Tenía que ser cuidadoso al volver a tomar contacto con ellos porque suponía que el gobierno central tendría a sus familiares bajo control de llamadas y correos para conocer su paradero. Xin Ping pensó también en avisarle al navegante que le había literalmente salvado su vida. Probablemente no estaría muy lejos y podrían reencontrarse.
Cada noche se acostaba con esa obsesión persistente, cómo volver a encontrarse con su novia Lea y sacarla de China. Aquí estarían a salvo y serían felices sin lugar a dudas. Haría todo lo que tuviera que hacer para lograrlo, no descansaría nunca ni ahorraría ningún esfuerzo hasta obtenerlo.

3 respuestas a «Olas de Libertad #09- VAITAHU»

    1. Este relato forma parte de Olas de Libertad, que comienza en el Pacífico cuando Xin Ping es «expulsado» hacia el Clinamen, que venía navegando en su cruce entre Galápagos y las islas Marquesas. Si no lo has hecho, te invito a que retomes el hilo desde el capítulo #1 ATARDECER DE LUNA

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