El Misterio de Colón

Está de moda en los círculos de las izquierdas, supuestamente progresistas, de Latinoamérica y Europa, pretender que el personaje Colón sea detestado y aborrecido culpabilizándole a él del expolio de los pueblos nativos de América y de su sometimiento.

Personalmente considero a Colón como uno de los personajes más atractivos y fascinantes de la historia de la Humanidad. Es más, si hoy estoy navegando, en buena parte es gracias a Colón.
El personaje es una de las principales personalidades de la Aventura Humana, aunque siempre ha sido cuestionado. Lo fue en vida, y continúa siéndolo tras su muerte. Incluso la abracadabrante historia de los restos de Colón, uno de los pocos hombres que viajó (casi) tanto después de muerto como estando vivo, pone en tela de juicio cualquier afirmación categórica sobre su historia personal. No sabemos dónde está enterrado Colón, algunos sostienen que en Cuba, otros en Santo Domingo y oficialmente se supone que sus restos reposan en la Catedral de Sevilla.

¿Quién era Colón? ¿Y cuál era su verdadero nombre, Cristóforo Colombo, como pretenden los genoveses, Christovao Colombo, como se llamó en Portugal, Cristóbal Colomo, como se hizo conocer primeramente al llegar a Castilla, o el posteriormente adoptado de Cristóbal Colón?
¿Había hecho estudios o era un autodidacta? ¿Tenía un plan preciso para justificar lo que estaba seguro de descubrir? ¿Hasta qué punto lo había desarrollado y mostrado en sus presentaciones a los reyes de Portugal y luego de Castilla, reunidos delante de eruditos?
Después de más de cinco siglos, la controversia continua viva y el debate abierto.

Sobre su origen, él mismo entretuvo el misterio y luego veremos las razones que creemos que tenía para ello. Está mayoritariamente aceptado que nació en Génova, en 1451 en el seno de una familia de laneros. El padre parece ser que fue guardián de una de las torres de la ciudad y tabernero. Cristóbal y su hermano Bartolomeo tuvieron que auxiliarlo varias veces económicamente según consta en actas notariales.

Sin embargo, la lengua comúnmente empleada por Colón no es el italiano o el dialecto genovés. Incluso en correspondencia con otros genoveses, o con su propia familia, Colón empleaba el castellano, aunque en Castilla siempre le fue asociado el epíteto de “extranjero”, algo que él mismo reconocía abiertamente. En este sentido vale la pena destacar que, en esa época, en el contexto castellano, los genoveses eran tan extranjeros como los aragoneses o catalanes.
A la lectura de la excelente biografía que hace de él Salvador de Madariaga, concuerdo con este autor que el origen más probable de Colón fuera el de judío converso, nacido en Génova, pero de tradición sefardí. Así, la lengua familiar no habría sido el italiano o genovés sino el castellano hablado por los sefarditas. Un sefardí a su vez contagiado por diversas influencias tras más de cien años de exilio en Génova. Influencias que lo hacían «raro», «extraño” o “extranjero». Al mismo tiempo, cabe señalar que Colón aprendería latín en Portugal y es con modismos castellanizantes que lo escribe en notas o cartas cuando le es necesario.
Esta teoría es la única que enlaza los puntos en conexión entre quiénes lo creen genovés (que lo era probablemente de nacimiento), quiénes lo creen castellano o de alguna otra región española (que lo era por su origen familiar y la perpetuación del idioma ancestral como aún hoy lo hablan las comunidades sefardíes en sus hogares en Medio Oriente o Europa), o los que lo creen un judío errante (que lo era por la cultura familiar que lo llevó a emigrar de adolescente y abrirse camino por sí solo, eligiendo el mar para ganarse la vida y luego cumplir con lo que creía era su designio).
Teniendo, en lo personal, antecedentes probablemente de origen judío converso, como todos los que portamos un apellido muy religioso como lo es Cruz, me interesó particularmente indagar en este aspecto del Misterio Colón.

Una vez más, es Madariaga quién mejor trata el tema del entorno geográfico e histórico de la vida de nuestro navegante.
Nos enseña, en el capítulo XI, titulado, Judíos, Cristianos y Conversos de la biografía, VIDA DEL MUY MAGNÍFICO SEÑOR DON CRISTÓBAL COLÓN, que España era el hogar nacional judío desde tiempo casi inmemorial. Ningún país en el mundo, salvo Palestina, se ha identificado tanto con los judíos como España. La tradición hebrea nos enseña que la primera instalación de judíos en la Península Ibérica tuvo lugar en tiempos del Rey Salomón. La ciudad de Toledo habría sido fundada por hebreos, el vocablo «Tholedoth», significa generaciones. Pero la mayor inmigración está constatada a partir del éxodo causado por la destrucción de Jerusalén, en el año 74, de nuestra era cristiana, bajo el reinado de Vespasiano. Desde aquella fecha hasta su expulsión en 1492, los judíos entran tan hondamente en la vida del país que no es posible escribir la historia de España sin ellos.

Después de atravesar fases de antisemitismo y opresión durante la primera etapa visigoda, los hebreos hallaron en España mayor prosperidad y libertad para organizar su vida política, su cultura y su religión, que en ningún otro reino o región europea. Los judíos constituyeron un factor utilísimo en el desarrollo de la civilización ibérica, a causa de su valioso aporte a la vida económica durante la época medieval y el efecto estimulante que su actividad intelectual ejerció no sólo sobre España sino a través de ella, sobre todo el mundo cristiano de la época.

Los reyes de España, salvo contadas excepciones, fueron respetuosos y se mantuvieron fieles a la tradición que hacía de ellos los protectores naturales del pueblo judío. En derecho, los judíos «pertenecían» a la Corona. La persecución de los judíos siempre obró por olas «democráticas», del pueblo raso, envidioso y celoso de las diferencias que según ellos y los cabecillas (hoy diríamos caudillos populares) denostaban para endilgarles pactos con Satanás, y otras barbaridades que justificaran tomársela contra ellos, esencialmente pacíficos, porque comerciantes, intelectuales, científicos, aunque hay que admitir, también eran banqueros (usureros) y recaudadores de impuestos (con lo que eso conllevaba de desprecio, ayer y hoy).  Ayer como hoy, no siempre la mayoría tiene razón…a veces es fácilmente manipulada por una sarta de interesados que lo único que persiguen es sacar provecho propio de los malos sentimientos que en épocas de crisis y hambrunas pueden generarse en el pueblo no muy instruido en las sutilezas.
Cristóforo Colombo, como su hermano Bartolomeo, abandonan el hogar paterno a edad temprana, se echan fácilmente a la mar y en poco tiempo se conocen historias de un Colombo corsario genovés, pero también más tarde, de uno combatiente al favor de otro Amiral Coullon, de origen francés, sobre el cual se justificaría la frase del propio Colón cuando muchos años después dijo que él no había sido el primer Almirante en su familia. A las órdenes de dicho almirante habría participado en un ataque contra naves genovesas en el sur de Portugal que lo llevarían a naufragar y alcanzar la costa lusa a nado. A partir de allí, andaría a pie hasta Lisboa donde se juntaría con su hermano Bartolomeo, quién ya estaba trabajando en una librería y lo introduciría en el medio cartográfico del mayor centro de descubrimiento de la época.
El Infante Enrique, llamado el Navegante, había creado la más importante institución sobre navegación en Sagres, conformada, vale decir, en su mayoría de sabios judíos o conversos. Colón no tiene dificultad en moverse en ese ámbito e incluso se supone que por esos años conoció a Toscanelli, eminencia florentina que habría dibujado una carta con medidas precisas en cuanto a la dimensión de la tierra y con precisiones que le ayudarían a calcular cómo navegar hacia el poniente para llegar a las Indias.
La Corte Portuguesa también estaba bien compuesta por judíos y conversos. Los había incluso en los medios eclesiásticos. Colón se hace cartógrafo, estudia -la mayoría coincide en que de forma autodidacta- con tanto vigor y empeño que ya se percibe en él su persistente convencimiento de haber sido elegido para una misión divina. Esos sentimientos de la fe lo llevan a ser un devoto honesto y es a través de ese ámbito religioso que termina relacionándose con una familia bien introducida en la Corte. Gracias a ello, habría podido presentar su propuesta al Rey Don Juan II de Portugal. El rey recibió el proyecto con muy poca simpatía. Sus pretensiones eran, cierto, extravagantes y pese a que los sabios que lo escucharon no negaron la posibilidad de que las medidas y proposiciones expuestas por este ambicioso descubridor fueran justas, el Rey las desestimó, por pensar que sus intereses estaban mejor concentrados en buscar por la costa africana.
Antes de marchar hacia Castilla, la otra gran potencia marítima de la época, para ofrecer sus servicios a los Reyes Católicos, Colón aprovechó sus contactos para penetrar en el aposento real donde él sabía que hallaría el inestimable mapa de Toscanelli. Como no podía arriesgarse a robarlo y ya era un cartógrafo de buena ciencia, ingresó en dicha biblioteca con un libro suyo donde disimuló las páginas en blanco que luego le servirían para hacer la copia fiel de los documentos y cálculos de Toscanelli. Por si fuera pillado in flagrante al portar este tipo de secreto durante su viaje a Castilla, fue él mismo quién se hizo una carta apócrifa de Toscanelli al amigo Colón, en la que decía acompañar dicha copia.

Así es como Colón se llega hasta el reino de Castilla, que sería en esos meses, gracias a la reconquista definitiva de la plaza de Granada, el centro más importante del poder de la época.
Contrariamente a lo que es creído por muchos, los Reyes Católicos, pese a haber sido los que instruyeron las bases de la espantosa institución de la Inquisición y que promulgaron el Decreto de Expulsión de lo judíos, -aquellos que no optaron por convertirse al cristianismo- no sólo no eran antisemitas, sino que hay pruebas de que eran más bien reconocidos pro-semitas. Pero los intereses de estado y paradójicamente los consejos mayoritarios de sus asesores, por lo general conversos celosos de los «infieles» que no habían querido desposar la nueva fe, los obligaron a ver como herramienta de cohesión de la nueva nación en expansión, una campaña de cristianización excesiva, atacándose tanto a los moros que deseaban permanecer en sus propiedades, como a los judíos que, si no renegaban su «diferencia cultural», debían abandonar el territorio real.
La Inquisición fue en sus principales cargos llevada a cargo por ex judíos, conversos -como lo era el propio Gran Inquisidor Torquemada- que fueron mucho más implacables y crueles con sus ex hermanos de tradición ancestral.
Esto explica entre otras razones, por qué Colón, prefirió no adoptar la fórmula más habitual en España para su apellido como la de Colom, de distribución bastante corriente en Cataluña y las Baleares (donde incluso existe Porto Colom). Cuando Colón solicitaba audiencia a los Reyes, tres familias de conversos apellidados Colom eran condenados y quemados por judaización (la acusación más habitual para no tener que demostrar demasiadas pruebas de mala conducta).
Así es que Cristóbal Colón, castellanizando libremente su nombre original, se presentaba como marino genovés, habiendo pasado toda su vida anterior a su llegada a Castilla en el Mar. Con previa historia familiar datando de la primera emigración judía del siglo XIV (causada principalmente por la peste que asoló Europa), cuando sus ancestros habrían dejado España para llegar a Génova, Cristóforo, Christovao, prefiere llegar como Cristóbal sin dar mayores explicaciones a nadie sobre su persona más que sobre su misión como descubridor.
Me gusta la frase que mejor describe la actitud de este joven Colón. Se puede ser soñador sin ser tonto y Colón no era tonto, aunque era un gran soñador.

Compartía con el sabio florentino Toscanelli la idea de que la tierra era redonda y por tanto era factible llegar al oriente viajando al occidente. Difería en sus cálculos, siendo Colón más optimista en su error, lo que lo llevó a evaluar en menos días de los que realmente acometió para encontrar las primeras islas. Desde antes de la era cristiana los judíos tenían alguna noción sobre la redondez de la tierra. Por esta razón, el Yom Kipur, el año nuevo judío, lo celebraban durante 2 días en vez de uno. Sabían que mientras a un lado de la tierra era de día, al otro lado era de noche.
Otro hecho que me place destacar. Parece ser que la mayoría de los 120 marineros que integraban la expedición, eran de origen judío. Huían de las persecuciones de la Inquisición y buscaban otras tierras donde pudieran ejercer libremente su religión. En las anotaciones sobre el desembarco en la isla de Guanahaní, que Colón bautizó como San Salvador, se lee que Colón habló a sus habitantes en hebreo, pensando que había encontrado una de las tribus perdidas de Israel. En las cartas que envió a los reyes de España mencionaba al rey David y a la expulsión de los judíos, asuntos que no tenían relación con su descubrimiento. Estas cartas, según estudios del departamento de grafología de la policía de Madrid, fueron escritas de derecha a izquierda tal como se escribe el hebreo. En las cartas que enviaba a su hijo siempre ponía en la parte superior de cada hoja las palabras hebreas “bet hei” que en hebreo significa «con la ayuda de Dios».
El Almirante de la Historia es una incógnita. Fray Bartolomé de las Casas, dijo que los Católicos, una vez finalizada la Reconquista, se sentían bajo “un ardiente deseo de abrir la geografía”. Y eso fue posible gracias al sefardí genovés. Una ilusión por la trascendencia, una ambición por el control del mercado de las especies, una cortina de humo donde enmascarar la expulsión de los judíos del Reino de Castilla. Que un hombre de origen incierto, fuese capaz de convencer a Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, es un hecho  altamente improbable. La aventura propuesta era una locura. Pero la historia se juega con  hechos impredecibles, con los giros inesperados. Los Clinamen. 
Colón descubrió no sólo un continente, sino que permitió cerrar el mundo en un globo seguro, abrir el camino de la modernidad tecnológica. Borró de un plumazo abismos y dragones. Le puso fin a lo mágico como explicación de la realidad. Desde Colón los hechos son los ladrillos con los que construimos el mundo. 
No fue Descartes, fue Colón. 
No fue Newton, fue Colón. 
Ninguna hazaña superará a la suya.  

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